Thursday, 21 June 2012
Hollywood “imperialista”
Hollywood no nos vende sólo cine…
Hollywood es un sistema sanguíneo por dónde fluye la esencia de la cultura Estadounidense. A través de sus malas películas, nos han inoculado (por no decir penetrado) su estilo de vida, que nos es más que hacer masivo el imperialista negocio de Las corporaciones de una manera amigable. Toda empresa americana ha aterrizado en nuestros países ayudadas por la “Coolización” de su cotidiano neoliberalismo.
Las teorías conspirativas hablan de Un nuevo orden mundial. Un solo gobierno que conducirá al mundo; una sola religión, un solo mercado…los mismos consumidores. Sea o no este nuestro futuro más cercano, lo cierto es que ese nueva estructura social, comercial, vital, no resulta tan ajena cuando tomamos consciencia que ya somos una sola aldea dominada por marcas y empresas a las que obedecemos y a las que le seguimos entregando nuestro dinero.
Hollywood funciona como mecanismo propagandístico de este método perverso de ampliación comercial. La simpatía que sentimos por la manera gringa de vivir, la espectacularidad de sus ciudades, el sueño americano, la vida ideal, gloriosa norteamericana, todo aquello se ha instalado en nuestras mentes ayudado por el cine basura de Los ángeles.
No quiero que se me malinterprete. El cine americano en su aspecto más amplio: el cine fuera de la industria Hollywoodense, el cine de productoras pequeñas, independiente, fantástico, que avanza a un lado del camino, el buen, gran y honesto cine hecho en Estados Unido, no tiene la culpa de la basura que se exporta en mayoría desde la costa Oeste y no ha contribuido a este contagio del que hablo. John Casavettes no tiene la culpa, Coppola no tiene la culpa, Scorsese no tiene la culpa, los independientes no tienen la culpa, John Waters, sin duda, no tiene la culpa; y muchos más…ellos son los baluartes, ellos han sacado la cara.
El resto, Hollywood, le ha hecho creer al mundo que “son la verdad”, que las únicas películas posibles son las hechas allá; que el cine de diversión, de fin de semana, de montaña rusa, desechable y vacío es la única opción que “UD debe ver en la pantalla grande”, el resto, no existe: es fome, es intelectualoide, no está hecho para las masas, no te saca del estrés…
En definitiva, ellos quieren que no pienses…
Que te sientes en una butaca y te dejes llevar; que la película te entregue todo, y tú sólo recibas y absorbas, que seas un monigote como lo eres frente a la TV, que dejes de usar tu cerebro y te transformes en el ser que no quiere ver la vida, mejor dicho, la realidad, que sólo existe en la evasión, que obedece a los medios y que no tiene ideas independientes…ese quiere Hollywood que tú seas…
…Y así se completará el plan, ya sea Un nuevo orden mundial, ya sea transformarnos en autómatas, de todas maneras la idea es seguir siendo los compradores de siempre, el consumidor que paga, paga, paga; compra, compra, compra, y no se cuestiona nada, para seguir siendo los descerebrados que los de arriban desean que seamos.
¿Quién gana?: Las corporaciones
¿Quién pierde? (siempre): La gente. TÚ.
¿Quién se encarga de vendernos la pomada? (y lo viene haciendo desde hace muchos años): HOLLYWOOD.
La gran industria de Los ángeles, la producción más grande luego de India, ha hecho cine por montón, pero sus fines ya, hoy en día, no son artísticos, son comerciales, industriales, imperialistas y perversos…¿quién está detrás?...
No es retórico, es una pregunta…
GG
Friday, 4 May 2012
Hambre de buen cine. Hablando sobre “Hunger”
Ante el actual escenario en que se desenvuelve el séptimo arte hoy en día, ante una industria tan carente de espíritu fílmico, existen dos alternativas: Uno, consumir todo el cine chatarra que se realiza en Hollywood y que tan masiva y prepotentemente se ha tomado las salas; Dos: evitar ese mal comer y entregarnos a una dieta más sana, más nutritiva, pero con alimentos más escasos y difíciles de encontrar. En términos de consumo cinematográfico, “Hunger”, la ópera prima del inglés Steve McQueen, es lo más saludable para nuestro estómago de espectador.
¿De qué va la cosa? “Hunger” es la historia de Bobby Sands, un militante del “IRA”, preso político que terminó sus días luchando por la causa irlandesa, en agonía, sin comer, en una huelga de hambre que mantuvo hasta el final. Sin embargo, la cinta no tiene como propósito esencial narrar la vida del personaje histórico, por lo menos no como una propuesta biográfica, sino más bien, tomar prestado su figura, su lucha carnal, en beneficio de una puesta en escena fílmica que, coordinada con la potencia visual de los hechos, transforma a esta propuesta en la mejor sorpresa e inyección de energía para una industria mundial que se estaba mal alimentando hace muchos tiempo.
El gran aporte de “Hunger”, como empezaba a explicar, es recordarnos que aún existe cine. Para esto el director vuelve a utilizar las herramientas más esenciales. Esto es, volver a la imagen como comunicador atómico que, en combinación con otras imágenes, forman la molécula que define al séptimo arte como tal: imagen (en movimiento, por supuesto) más imagen, igual significado, comunicación; una danza visual que nos cuenta más allá, que es el ejercito retórico luchando por probar su tesis, enseñarnos una idea sobre la existencia humana.
Se habla muy poco en la obra. El diálogo más extenso ocurre en la mitad. Una secuencia de largos minutos dónde el protagonista expresa sus ideas más profundas en contraposición a las de un irreverente cura que pretende hacerle pensar diferente. Todo ocurre en un solo plano, un único cuadro que busca solamente evitar cualquier juicio y lograr exponer las dos vertientes ideológicas sin involucrarse demasiado. Echándose un poco hacia atrás, y mirando desde lejos, que es precisamente como observamos la acción; esta “batalla” es lo más significativo en diálogo.
El resto del film es una bocanada de cine que seduce, compromete y fascina, con un método tan sencillo, tan esencial, tan cinematográfico que a los cinéfilos de corazón nos toca en lo más sensible. Es curioso, porque en una época inundada de ejemplos de película, con aderezos de nuevas tecnologías y plagada de manierismos ridículos y efectistas, una cinta tan sencilla, tan-repito el concepto-cinematográficamente esencial y acertadamente minimalista, nos devuelva las ganas de seguir confiando en los autores.
Ojo, este es una película ruda, dura, violenta, llena de esa violencia que SÍ toca. Es cruda, no tiene reparos en mostrar la realidad como ella la entiende. Los presos en la cárcel la pasan mal. Pero es ex profeso. Ellos buscan su dolor, porque saben que en cada golpe y en cada autoflagelación hay un llamado a luchar, hay un grito sangrante hacia el exterior, hacia el resto de la gente que vive enajenada y adormecida por los medios. Ellos saben que su sangre es la lucha, y, como goce adicional, logran hincharle las pelotas a los guardias, que tienen que arreglárselas limpiando las celdas barnizadas con excremento o trapeando la orina que, en conjunto y coordinadamente, los internos lanzan hacia afuera de sus habitaciones, hacia un pasillo que termina inundado y apestando a ácido úrico.
“Hunger”, hambre en español, no sólo refiere su título relacionándolo a la huelga de alimento que el protagonista instaura, sino también a la necesidad de justicia para el pueblo Irlandés, golpeado por las fuerzas de choque policiacas de la reina y asesinado por la milicia inglesa en aquel domingo sangriento donde los inocentes murieron.
“Hunger” se une a la lista de operas primas notables, encabezadas por la elegida mejor primera película de la historia, “El cuchillo en el agua” de Roman Polanski, que le pavimentó el camino al talentoso director polaco y, que, seguramente, hará lo propio con McQueen que ya estrenó su siguiente film, “Shame”, sumando excelentes críticas acompañadas de advertencias por su alto contenido erótico y sexual.
Gracias McQueen por darnos de comer sano de nuevo…
GG
Friday, 2 December 2011
Las que le gustan a Candela
Candela, candelita tiene sus preferencias
a la hora de preparar sus pack, y como anda
media metida en el Zeitgeist:
Inside Job
Fair game
The greenzone
Zeitgeist
Restrepo
Fahrenheit
Quién opina, quién opina :-)
air
a la hora de preparar sus pack, y como anda
media metida en el Zeitgeist:
Inside Job
Fair game
The greenzone
Zeitgeist
Restrepo
Fahrenheit
Quién opina, quién opina :-)
air
Friday, 25 November 2011
Preparando los pack para las Fiestas
Sólo tienes que pedirlo por teléfono o entra a tramaclick.net y encárgalos
:-)
1 pack Woody Allen
Conocerás al Hombre de tus sueños
Medianoche en Paris
Whatever works
2 Pack Antonioni
El eclipse
La noche
La aventura
3 Pack Bergman
El silencio
sonata otoñal
el séptimo sello
4 Pack Hnos. Coen
El gran Lebowski
Fargo
True grit
5 Pack clásicos italianos
La Strada Fellini
Matrimonio a la italiana de Sica
Gatopardo Visconti
6 Pack clásico
Las uvas de la ira Ford
sed de mal Welles
Nido de ratas Kazan
7 Pack Haneke
El castillo
Caché
La cinta blanca
8 Pack Herzog
Fitzcarraldo
También los enanos comenzaron pequeños
Stroszek
9 Pack Jodorowsky
Santa Sangre
La montaña sagrda
el topo
10 Pack Kieslowski
Azul
Blanco
Rojo
11 Pack Kubrick
Barry Lindon
2001, odisea del espacio
La naranja mecánica
12 Pack Kurosawa
Los 7 samurais
Ran
Sueños
13 Pack Kusturica
Tiempo de gitanos
gato negro, gato blanco
Underground
14 Pack Lynch
Terciopelo azul
Corazón salvaje
Carretera perdida
15 Pack Sokurov
El sol
Taurus
Maoloch
16 Pack Polanski
El bebé de Rosemary
Barrio Chino
The gost writer
17 Pack Almodovar
Atame
Hable con ella
Todo sobre mi madre
18 Pack Scorsese
Taxi driver
Buenos muchachos
Toro salvaje
19 Pack comedia de culto
The party Edwards
El secreto de Santa Victoria Kramer
Los dioses deben estar locos Uys
20 Pack argentino
nueve reinas Bielinsky
El secreto de sus ojos Campanella
El gato desaparece Sorín
21 Pack niños
Rango
Enredados
Megamente
22 Pack clásicos franceses
400 golpes Truffaut
Sin aliento Godard
Hiroshima mon amour Resnais
23 Pack Wenders
Las alas del deseo
Paris Texas
El amigo americano
24 Pack Won Kar Wai
In the mood of love (deseando amar)
happy together
Chunking express
25 Pack Documentales
A letter to Elia Scorsese
Inside Job Ferguson
Exit throuhgth the gift shop Banksy
26 pack cine iraní
Media luna Ghobadi
El color del paraíso Majidi
Offside Panahi
27 Pack estrenos cinéfilos
En un mundo mejor Bier
El árbol de la vida Malick
Incendies Villeneuve
:-)
1 pack Woody Allen
Conocerás al Hombre de tus sueños
Medianoche en Paris
Whatever works
2 Pack Antonioni
El eclipse
La noche
La aventura
3 Pack Bergman
El silencio
sonata otoñal
el séptimo sello
4 Pack Hnos. Coen
El gran Lebowski
Fargo
True grit
5 Pack clásicos italianos
La Strada Fellini
Matrimonio a la italiana de Sica
Gatopardo Visconti
6 Pack clásico
Las uvas de la ira Ford
sed de mal Welles
Nido de ratas Kazan
7 Pack Haneke
El castillo
Caché
La cinta blanca
8 Pack Herzog
Fitzcarraldo
También los enanos comenzaron pequeños
Stroszek
9 Pack Jodorowsky
Santa Sangre
La montaña sagrda
el topo
10 Pack Kieslowski
Azul
Blanco
Rojo
11 Pack Kubrick
Barry Lindon
2001, odisea del espacio
La naranja mecánica
12 Pack Kurosawa
Los 7 samurais
Ran
Sueños
13 Pack Kusturica
Tiempo de gitanos
gato negro, gato blanco
Underground
14 Pack Lynch
Terciopelo azul
Corazón salvaje
Carretera perdida
15 Pack Sokurov
El sol
Taurus
Maoloch
16 Pack Polanski
El bebé de Rosemary
Barrio Chino
The gost writer
17 Pack Almodovar
Atame
Hable con ella
Todo sobre mi madre
18 Pack Scorsese
Taxi driver
Buenos muchachos
Toro salvaje
19 Pack comedia de culto
The party Edwards
El secreto de Santa Victoria Kramer
Los dioses deben estar locos Uys
20 Pack argentino
nueve reinas Bielinsky
El secreto de sus ojos Campanella
El gato desaparece Sorín
21 Pack niños
Rango
Enredados
Megamente
22 Pack clásicos franceses
400 golpes Truffaut
Sin aliento Godard
Hiroshima mon amour Resnais
23 Pack Wenders
Las alas del deseo
Paris Texas
El amigo americano
24 Pack Won Kar Wai
In the mood of love (deseando amar)
happy together
Chunking express
25 Pack Documentales
A letter to Elia Scorsese
Inside Job Ferguson
Exit throuhgth the gift shop Banksy
26 pack cine iraní
Media luna Ghobadi
El color del paraíso Majidi
Offside Panahi
27 Pack estrenos cinéfilos
En un mundo mejor Bier
El árbol de la vida Malick
Incendies Villeneuve
Tuesday, 22 March 2011
La lucha por una industria
Hoy Jueves, 17 de marzo, es el día de estreno de una comedia romántica juvenil a la chilensis llamada “El limpia piscina”. Muy en la onda de las producciones de Nicolás López, sobre todo ese tipo de humor de niño cuico y en esa inmadurez fílmica de contenido y sensibilidad, este nuevo intento de irreverencia barata, se adjudicó una avalancha de críticas funestas y argumentos compuesto acerca de cómo NO se debe hacer cine.
“El limpia piscina” supera con creces a lo que Nicolás López propuso con sus cintas como una nueva vertiente, un nuevo escenario para el cine “fresco” de las nuevas generaciones. Sin embargo, los parámetros de esta medida que yo propongo no son evolutivos, sino más bien corrosivos. La comedia romántica estrenada hoy es ampliamente superior a lo hecho por López: lo supera en estupidez, patetismo, en nivel de vergüenza ajena y en ausencia estética. En un aspecto López aún no es birlado: sus películas son una porquería, pero hechas con presupuesto elevado.
Empero, todos estos fallidos intentos no son “tan malos”. Son absolutamente benéficos para que nuestro universo fílmico, compactado por sus propias limitaciones, se expanda desde un estado de producciones independientes autorales y de comedias sexuales picarescas, a uno que comience a tener forma de industria.
Para que exista industria, tiene que existir diversidad. Para que crezca y se desarrolle una industria, tiene que producirse mucho, y mucho de todo. Para que la industria se constituya como tal, tiene que hacerse tanto cine de autor para amantes de filmes más artísticos, como cine comercial para audiencias menos exigentes. La industria es un que-hacer diario de películas; es un devenir constante de ideas y propuestas que se concretan y desechan en favor de la prosperidad del cine nacional.
Cada vez que se hace una película mala como “El limpia piscina”, se sienta un precedente, se abre una puerta hacia una nueva arista, un nuevo brazo para nuestro incipiente Ganesh. Por eso es conveniente, lo digo así, “conveniente”, con un acento utilitario, que se sigan haciendo y haciendo películas; malas y buenas; y así agregar otro ladrillo al muro. Muy pronto esos cimientos pasarán al olvido, pero estarán ahí para que las próximas rocas que se coloquen encima puedan pisar más firme de lo que sus predecesoras lo hicieron.
Es así, únicamente, como logramos constituir un cine nacional a nivel de fabricación, temático, formal e ideológico, que exprese y que le cuente al mundo cómo somos los chilenos, cómo es el cine chileno, y así expandirnos comercial y humanamente. El hacer es tan importante como el ver y ver cine, algo que seguramente los cerebros detrás de “El limpia piscina” no practican. Entre agradecerles o no por su intento fallido, yo les digo, sí, gracias...
Bronson
“El limpia piscina” supera con creces a lo que Nicolás López propuso con sus cintas como una nueva vertiente, un nuevo escenario para el cine “fresco” de las nuevas generaciones. Sin embargo, los parámetros de esta medida que yo propongo no son evolutivos, sino más bien corrosivos. La comedia romántica estrenada hoy es ampliamente superior a lo hecho por López: lo supera en estupidez, patetismo, en nivel de vergüenza ajena y en ausencia estética. En un aspecto López aún no es birlado: sus películas son una porquería, pero hechas con presupuesto elevado.
Empero, todos estos fallidos intentos no son “tan malos”. Son absolutamente benéficos para que nuestro universo fílmico, compactado por sus propias limitaciones, se expanda desde un estado de producciones independientes autorales y de comedias sexuales picarescas, a uno que comience a tener forma de industria.
Para que exista industria, tiene que existir diversidad. Para que crezca y se desarrolle una industria, tiene que producirse mucho, y mucho de todo. Para que la industria se constituya como tal, tiene que hacerse tanto cine de autor para amantes de filmes más artísticos, como cine comercial para audiencias menos exigentes. La industria es un que-hacer diario de películas; es un devenir constante de ideas y propuestas que se concretan y desechan en favor de la prosperidad del cine nacional.
Cada vez que se hace una película mala como “El limpia piscina”, se sienta un precedente, se abre una puerta hacia una nueva arista, un nuevo brazo para nuestro incipiente Ganesh. Por eso es conveniente, lo digo así, “conveniente”, con un acento utilitario, que se sigan haciendo y haciendo películas; malas y buenas; y así agregar otro ladrillo al muro. Muy pronto esos cimientos pasarán al olvido, pero estarán ahí para que las próximas rocas que se coloquen encima puedan pisar más firme de lo que sus predecesoras lo hicieron.
Es así, únicamente, como logramos constituir un cine nacional a nivel de fabricación, temático, formal e ideológico, que exprese y que le cuente al mundo cómo somos los chilenos, cómo es el cine chileno, y así expandirnos comercial y humanamente. El hacer es tan importante como el ver y ver cine, algo que seguramente los cerebros detrás de “El limpia piscina” no practican. Entre agradecerles o no por su intento fallido, yo les digo, sí, gracias...
Bronson
Sunday, 13 March 2011
LOS OSCARITOS
Como todos los años, me encierro a ver Los Oscars. Antes lo hacía con un amigo, pero hoy por hoy, por el distanciamiento clásico de los años, lo hago solo. En esta ocasión procedí de esta forma. Es una experiencia ver la ceremonia. Lo mejor del cine americano, lo mejor de lo que se ve más masivamente, es premiado.
Es el galardón más popular del mundo cinematográfico, porque claro, son las cintas que más se conocen, que más llegan al espectador tradicional, ese que busca desahogo dominical o panorama familiar de mall. Sin embargo, no hay que olvidar que Los Oscars no son más que un premio a la industria. Es una valorización anual de lo que los americanos hacen en su mega fábrica de sueños.
Tarantino dijo algo respecto, argumentando que la estatuilla americana era un encuentro único deportivo, la final de un mundial, por ejemplo; en cambio Cannes (realizó esta declaración en el contexto de este festival) eran Las olimpiadas.
No me mal interpreten, yo considero Los Oscars la oportunidad que tienen los gringos para resaltar lo bueno que se hace en Hollywood, por sobre la avalancha de mierda que también se produce. El cine americano es excelente, pero actualmente, y desde una fecha al presente, ha priorizado el hambre estúpida del espectador estadounidense, con eco en el mundial, sacando al mercado multiplicaciones infinitas de piezas clichés, estereotipas e industriales (de repetición y sin alma); ya no se hacen las cosas como antes.
Recuerdo premiaciones anteriores, pero muy anteriores, cuándo los críticos a esta, como yo, aún no nacíamos. Films ganadores como “The sting”, “The godfather”, “One flew over the cuckoo’s nest” (“Atrapado sin salida”), “The French connection” o “Annie Hall”, hacían hervir la sangre, parar los pelos, de tanta emoción y brillantez. Pero algo pasó en el camino, algo que Samuel Fuller destaca con ira en “White dog”, una de sus últimas obras. Ahí, el dueño una perrera dónde se entrenan canes que puedan incluirse, por sus habilidades, en películas, reclama airadamente, y golpeando un afiche de “Star Wars” pegado en una pared, como “este tipo de cine” nos ha quitado la pega, a nosotros, los que realmente nos preocupamos de hacerlo de verdad.
Y es cierto. Luego de la arremetida de “La guerra de las galaxias”, luego de la coronación ochentera de Steven Spielberg como guaripola intocable de la industria, posterior a las grandes producciones hechas de dinamita, no se hizo más cine con contenido, y cuando me refiero e invoco al concepto “contenido”, no estoy adquiriendo una postura snob, no es para nada una rebeldía sin causa; cuando digo contenido, digo “humanización”.
El cine que mira hacia el hombre, a su problemática interna, buscando respuestas, quizás, es lo que Hollywood olvidó. Hoy el tema “humanidad” sólo se trata de soslayo. Sin embargo en el Hollywood más profundo, aún se puede apreciar cenizas de ese despreciado tópico. La diferencia con antaño es el porcentaje. Hoy lo que se produce es cine de entretención por sobre la pieza comprometida, militante de neuronas y espíritu; por sobre la cadencia y la paciencia de las décadas que dejamos.
No culpo completamente a la jefatura de Los ángeles, culpo a lo movible de los conceptos, culpo al cambio de mirada. Lo que era entretenido antes, lo es diferente ahora. Las salas se repletaban para ver “The godfather” o “Taxi driver”; ese era el target de la industria. “Midnight cowbow” fue un hit, ganó el oscar y movilizó masas, y eso que fue la primera película clasificada como “X”, en el circuito comercial mainstream.
Hoy lo que llena salas es “Transformers”; hoy, en los palacios de las salas múltiples, se ofrece, en el 99% de sus cupos, cine digital y de “entretención”; hoy somos, deprimentemente, lo que vemos.
Los Oscars de este año estuvieron interesantes, descomponiéndolos bajo este alero. “The King speech”, “The social network”, “The fighter”, “Winter’s bone”, “True grit”, son lejos buenos ejemplos anacrónicos de la calidad y cualidad pretérita; de cuando Hollywood era verdaderamente respetado…
Tony Bronson
Es el galardón más popular del mundo cinematográfico, porque claro, son las cintas que más se conocen, que más llegan al espectador tradicional, ese que busca desahogo dominical o panorama familiar de mall. Sin embargo, no hay que olvidar que Los Oscars no son más que un premio a la industria. Es una valorización anual de lo que los americanos hacen en su mega fábrica de sueños.
Tarantino dijo algo respecto, argumentando que la estatuilla americana era un encuentro único deportivo, la final de un mundial, por ejemplo; en cambio Cannes (realizó esta declaración en el contexto de este festival) eran Las olimpiadas.
No me mal interpreten, yo considero Los Oscars la oportunidad que tienen los gringos para resaltar lo bueno que se hace en Hollywood, por sobre la avalancha de mierda que también se produce. El cine americano es excelente, pero actualmente, y desde una fecha al presente, ha priorizado el hambre estúpida del espectador estadounidense, con eco en el mundial, sacando al mercado multiplicaciones infinitas de piezas clichés, estereotipas e industriales (de repetición y sin alma); ya no se hacen las cosas como antes.
Recuerdo premiaciones anteriores, pero muy anteriores, cuándo los críticos a esta, como yo, aún no nacíamos. Films ganadores como “The sting”, “The godfather”, “One flew over the cuckoo’s nest” (“Atrapado sin salida”), “The French connection” o “Annie Hall”, hacían hervir la sangre, parar los pelos, de tanta emoción y brillantez. Pero algo pasó en el camino, algo que Samuel Fuller destaca con ira en “White dog”, una de sus últimas obras. Ahí, el dueño una perrera dónde se entrenan canes que puedan incluirse, por sus habilidades, en películas, reclama airadamente, y golpeando un afiche de “Star Wars” pegado en una pared, como “este tipo de cine” nos ha quitado la pega, a nosotros, los que realmente nos preocupamos de hacerlo de verdad.
Y es cierto. Luego de la arremetida de “La guerra de las galaxias”, luego de la coronación ochentera de Steven Spielberg como guaripola intocable de la industria, posterior a las grandes producciones hechas de dinamita, no se hizo más cine con contenido, y cuando me refiero e invoco al concepto “contenido”, no estoy adquiriendo una postura snob, no es para nada una rebeldía sin causa; cuando digo contenido, digo “humanización”.
El cine que mira hacia el hombre, a su problemática interna, buscando respuestas, quizás, es lo que Hollywood olvidó. Hoy el tema “humanidad” sólo se trata de soslayo. Sin embargo en el Hollywood más profundo, aún se puede apreciar cenizas de ese despreciado tópico. La diferencia con antaño es el porcentaje. Hoy lo que se produce es cine de entretención por sobre la pieza comprometida, militante de neuronas y espíritu; por sobre la cadencia y la paciencia de las décadas que dejamos.
No culpo completamente a la jefatura de Los ángeles, culpo a lo movible de los conceptos, culpo al cambio de mirada. Lo que era entretenido antes, lo es diferente ahora. Las salas se repletaban para ver “The godfather” o “Taxi driver”; ese era el target de la industria. “Midnight cowbow” fue un hit, ganó el oscar y movilizó masas, y eso que fue la primera película clasificada como “X”, en el circuito comercial mainstream.
Hoy lo que llena salas es “Transformers”; hoy, en los palacios de las salas múltiples, se ofrece, en el 99% de sus cupos, cine digital y de “entretención”; hoy somos, deprimentemente, lo que vemos.
Los Oscars de este año estuvieron interesantes, descomponiéndolos bajo este alero. “The King speech”, “The social network”, “The fighter”, “Winter’s bone”, “True grit”, son lejos buenos ejemplos anacrónicos de la calidad y cualidad pretérita; de cuando Hollywood era verdaderamente respetado…
Tony Bronson
Monday, 21 February 2011
VAMOS A PELEAR (LA)
Yo ya tengo mi favorita para llevarse el Óscar de este año.
Afortunadamente, he tenido acceso a la mayoría de las nominadas. El nivel es excelso. Hay variedad, hay particularidad, un muestrario disímil, pero transversalmente unido por su valor fílmico. Cintas como “Inception”, compartiendo tribuna, como una hermandad de seres, razas incongruentes, con “Toy story 3 “o “True grit”, pero, en mi interior, en mi sentido común de cinéfilo, hay una sola que me hizo click: “The fighter”.
Una profunda historia sociológica, sicológica, antropológica y humana, sobre gente común “rural” en los Estados Unidos; esos que los de la ciudad llaman redneck, y que la teoría popular ha calificado-casi despectivamente- como White trash people. En Chile serían gente de población, serían de La legua o del San miguel que se esconde, ese que permitimos que se esconda.
“The fighter” es la historia de dos hermanos. Un ex boxeador y uno actual. El primero, el hermano mayor, Christian Bale, sumergido en el abismo del crack, orgullo de su pueblo por haber, alguna vez, combatido por el título mundial con Sugar Ray Leonard, y haberlo tirado a la lona, aunque sólo una vez, sin ser una caída de knock out , y muy presumiblemente una resbalada accidental del campeón negro. El otro, el menor, un boxeador de esos que llaman “paquete”. Esos que son contratados para que otro, de mayor nivel, siga escalando en su emergente carrera, gracias a rivales de poca calaña como el que interpreta Mark Wahlberg.
Pero, si eso parece conflictivo, dramático, es solo la antesala que nos introduce a la lucha de manipulaciones sicológica y desamparo social que la película pretende develar como su fondo e idea controladora. Como manager, la madre de los peleadores, que empuja al hijo perdedor a enfrentar y dar en el gusto, con sus derrotas, a los boxeadores que lo contratan. Así, la señora seguirá manteniendo al resto de su familia: 7 desaliñadas hermanas que sólo viven de televisión y miserias hogareñas.
El hermano grande también saca provecho de su seguidor. Es adicto al crack, y necesita recursos para conseguirlo. De ahí, las ganancias que se obtenga gracias a los knock out de su hermano, le podrán ayudar a mantener su “estatus” de drogo sin salida. Todos ganan; el joven peleador pierde.
Nadie piensa en él, todos piensan en ellos. Lo incentivan a seguir con su patética carrera, por la conveniencia que eso les trae, pero absolutamente nadie en la familia, se detiene a mirar la dañada integridad del muchacho. Sin embargo, él ama a su clan, está dispuesto a seguir luchando por ellos, sin cuestionar nada. Vive de la sombra de su hermano, el héroe del lugar, y ve que nunca va conseguir lo que él obtuvo si sigue en este círculo vicioso.
El hermano cree, sincera y ciegamente, que posee una carrera de verdad como boxeador, y por eso sigue subiéndose al ring. Pero no puede verlo; no quiere, quizás…hasta que las cosas cambian. Conoce a una muchacha fuerte de espíritu, interpretada por Amy Adams, que le abre los ojos. El sheriff del pueblo, entrenador de boxeadores, también, que siempre lo ha querido sacar de su redes enfermizas, lo acoge y lo prepara, y así, su carrera empieza a perfilarse hacia la cima.
Una maravillosa historia de superación, en dónde el uso alegórico de los deportes como estructura de ascenso, nos permite observar de manera gráfica la evolución en la escala. Una película que muestra la América rechazada por Hollywood, que describe la vida de las pequeñas localidades gringas y su gente deprimida de recursos y alma. “Todo buen film, es un buen documental”, decía Jean-Claude Carrière, el guionista de Buñuel, y este aforismo es patente en “The fighter”; un ejemplo de que cuando nos unimos con amor: familia, parejas, vecinos, podemos tocar el cielo; podemos ser esos grandes que soñamos en pueblo chico.
Bronson
Afortunadamente, he tenido acceso a la mayoría de las nominadas. El nivel es excelso. Hay variedad, hay particularidad, un muestrario disímil, pero transversalmente unido por su valor fílmico. Cintas como “Inception”, compartiendo tribuna, como una hermandad de seres, razas incongruentes, con “Toy story 3 “o “True grit”, pero, en mi interior, en mi sentido común de cinéfilo, hay una sola que me hizo click: “The fighter”.
Una profunda historia sociológica, sicológica, antropológica y humana, sobre gente común “rural” en los Estados Unidos; esos que los de la ciudad llaman redneck, y que la teoría popular ha calificado-casi despectivamente- como White trash people. En Chile serían gente de población, serían de La legua o del San miguel que se esconde, ese que permitimos que se esconda.
“The fighter” es la historia de dos hermanos. Un ex boxeador y uno actual. El primero, el hermano mayor, Christian Bale, sumergido en el abismo del crack, orgullo de su pueblo por haber, alguna vez, combatido por el título mundial con Sugar Ray Leonard, y haberlo tirado a la lona, aunque sólo una vez, sin ser una caída de knock out , y muy presumiblemente una resbalada accidental del campeón negro. El otro, el menor, un boxeador de esos que llaman “paquete”. Esos que son contratados para que otro, de mayor nivel, siga escalando en su emergente carrera, gracias a rivales de poca calaña como el que interpreta Mark Wahlberg.
Pero, si eso parece conflictivo, dramático, es solo la antesala que nos introduce a la lucha de manipulaciones sicológica y desamparo social que la película pretende develar como su fondo e idea controladora. Como manager, la madre de los peleadores, que empuja al hijo perdedor a enfrentar y dar en el gusto, con sus derrotas, a los boxeadores que lo contratan. Así, la señora seguirá manteniendo al resto de su familia: 7 desaliñadas hermanas que sólo viven de televisión y miserias hogareñas.
El hermano grande también saca provecho de su seguidor. Es adicto al crack, y necesita recursos para conseguirlo. De ahí, las ganancias que se obtenga gracias a los knock out de su hermano, le podrán ayudar a mantener su “estatus” de drogo sin salida. Todos ganan; el joven peleador pierde.
Nadie piensa en él, todos piensan en ellos. Lo incentivan a seguir con su patética carrera, por la conveniencia que eso les trae, pero absolutamente nadie en la familia, se detiene a mirar la dañada integridad del muchacho. Sin embargo, él ama a su clan, está dispuesto a seguir luchando por ellos, sin cuestionar nada. Vive de la sombra de su hermano, el héroe del lugar, y ve que nunca va conseguir lo que él obtuvo si sigue en este círculo vicioso.
El hermano cree, sincera y ciegamente, que posee una carrera de verdad como boxeador, y por eso sigue subiéndose al ring. Pero no puede verlo; no quiere, quizás…hasta que las cosas cambian. Conoce a una muchacha fuerte de espíritu, interpretada por Amy Adams, que le abre los ojos. El sheriff del pueblo, entrenador de boxeadores, también, que siempre lo ha querido sacar de su redes enfermizas, lo acoge y lo prepara, y así, su carrera empieza a perfilarse hacia la cima.
Una maravillosa historia de superación, en dónde el uso alegórico de los deportes como estructura de ascenso, nos permite observar de manera gráfica la evolución en la escala. Una película que muestra la América rechazada por Hollywood, que describe la vida de las pequeñas localidades gringas y su gente deprimida de recursos y alma. “Todo buen film, es un buen documental”, decía Jean-Claude Carrière, el guionista de Buñuel, y este aforismo es patente en “The fighter”; un ejemplo de que cuando nos unimos con amor: familia, parejas, vecinos, podemos tocar el cielo; podemos ser esos grandes que soñamos en pueblo chico.
Bronson
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